El tabernero

En pleno casco histórico de Úbeda, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, uno se da de lleno con una de esas perlas que da la tierra; una taberna que llama a misa de doce con la excusa de deleitar a turistas y ubetenses con lo mejor del buen yantar. y allí, entre vinos excelentes y una cocina de calidad insuperable, se encuentra él, Gerardo Ruiz del Moral Tauste, el tabernero por excelencia y genio y figura hasta la sepultura. Bohemio y singular, es de esa clase de gente y de esa gente con clase; de esos flamencos que no lo llevan en la sangre, pero sí en la actitud; campechano y cercano, de los que siempre dan los buenos días y se despide al partir; ingenioso de cuna, que eso no se aprende, que así se nace; y artista por los cuatro costados, que lo mismo te pinta, te canta, que desgasta sus manos y cincel, que es lo que tiene ser escultor. Él es así. Polifacético como pocos, hombre de palabra y caballero del siglo XXI. Y entre sus chaquetas con coderas, camisas elegantes y pantalones de alta gama, basta un segundo para encontrar al currante incansable, alque se remanga los puños, al primero que llega y al último que se va. Amante de lo que hace, es uno de los grandes emprendedores que ha dado Úbeda, llegando a regentar hasta tres establecimientos de éxito en la ciudad. Y es que el talento, la constancia y la dedicación se premiam, y el tabernero lo sabe. De los tres anda sobrado. Se lo ha ganado a pulso. Que detrás del tuno, el cómico y el aventurero, se encuentra el empresario, el padre de familia, el político comprometido, el emprendedor valiente, el profesor de arte, el sobradamente preparado y formado… Que detrás de su cotidianidad no hay más que la exquisita educación e inteligencia de quien sabe estar a la altura de las circunstancias, el momento y el interlocutor. Así que, si aún no ha visitado al tabernero, si aún no lo conoce, le insto a que lo haga. Piérdase en su Misa de 12, disfrute de todo cuanto le ofrece este bello rincón y no pierda la oportunidad de codearse con la singularidad de la siempre mente de este tabernero. Su estómago se lo agradecerá, su curiosidad también.